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lunes, 28 de junio de 2021

Presentación de Me detuve y toqué el silencio

 

 

El próximo día 5 de julio, a las 20 horas, en el Auditorio Virginia Martínez Fernández se presentará el poemario de Vicente García Hernández, Me detuve y toqué el silencio, editado por Vitruvio.

La presentación correrá a cargo del propio autor y le acompañarán en la mesa el editor, Pablo Méndez Jaque y Francisco Javier Illán Vivas, que hará de maestro de ceremonias.

Es necesario reservar asiento para poder entrar en el auditorio, a través del Portal Molina de Segura.

También se emitirá en streaming en el canal youtube en la dirección que aparece en el cartel de arriba.

jueves, 12 de noviembre de 2009

LA AURORA LLEGA Y NADIE LA RECIBE EN SU BOCA

Desprendida de su piel
la aurora llega
como preludio del día
hundido,
en las hojas del tiempo.

Tiene sed de labios nuevos,
de enigmas y misterios intactos
en el pentagrama de la noche.

Estaba la luna menguante.

Miraba.


Miraba con los párpados de su viento
la desnudez del camino
y las bocas entreabiertas.

-Nadie la esperaba-

Apacible y eterna
clavó su espada, dos veces,
en los cuerpos de sangre herida.

Derramó la lluvia de todo lo vivido.
Llegó con paso tranquilo.

Nadie la esperaba.


Mónica López Bordón

*Cuadro: “Rostros de luz”. Miguel Menassa
*El título del poema es un verso de Federico García Lorca del poema “La aurora” (Poeta en Nueva York)

jueves, 14 de mayo de 2009

INSOMNIO

© Fernando Maldonado: "Rincón del ensueño"


...amor al fin sin alba.
Federico García Lorca


Sobre la cúpula de la Catedral
y los edificios
y los techos bajos
de una ciudad deshabitada,
cae la lluvia:
rendida a la noche baja
se desliza,
dentro de mi cabeza
se mezcla con tu nombre.

Y lluvia y nombre
son una sola melodía
que de mi pecho brota, sube,
rumor de agua
sobre los techos bajos
y los edificios
y la cúpula de la Catedral
de esta ciudad deshabitada
en donde la lluvia cae,
durante toda la noche...

Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero

martes, 28 de abril de 2009

Hoy le dedico este poema a Miguel Oscar Menassa, un escritor y un hombre feliz

"El espejo roto". Miguel Menassa

LA POESÍA NO LE TEME A LA MUERTE



“La poesía, independientemente de toda pasión, no le teme a la muerte,

porque la muerte es su presencia iluminada y, en esa dimensión,

más que morir, la sangre se transforma”
Miguel Menassa


Es hora de hablar con la muerte

sentarse frente a ella

y abrir los ojos sin detenerse,

dejarse llevar, vestirse de fuerza,

emprender un vuelo de altura infinita,

sin horizonte.


Abrí los ojos.

Hice del abecedario una sonata

de primavera, sin miedo.

Dibujé su punto y aparte.

La poesía no le teme a la muerte…

su sangre se transforma en el próximo verso,

al llegar el alba y tocar, de la mirada,

su nuevo despertar.


Soy de tu sangre

la que resplandece en el amor.


Abrí los ojos al mundo.

La poesía no le teme a la muerte.



Mónica López Bordón

martes, 21 de abril de 2009

OCTAEDRO - Carlos Castillo Quintero



"Insomnio", 1947 - Remedios Varo


OCTAEDRO

I
Quisiera hallarle utilidad,
un destino, a mi mano sin ti.

II
Y el amor que se hunde, se asfixia, se muere
en el gélido mar de la ausencia, su cadáver...
¿Sirve para alimentar a los peces?

III
La música va por la habitación, se desliza,
a palos de ciego te busca y regresa,
triste, sola, la música...

IV
Voluptuosa, abierta a la piel que acecha,
ebria, con una luna nueva en el pecho,
bella e inútil esta noche en la que no estás.

V
¿Qué caminos has ido a recorrer
de los trazados en las líneas de tu mano?

VI
Quizá otro deambule por el macramé pétreo de la casa,
y tropiece, sin hilo, sin brújula,
sin atreverse a consultar el mapa del cielo.
Quizá también huya del espejo y se crea, como yo,
único dueño de tu laberinto.

VII
Y si una tarde en un cruce de caminos, en una calle alguien te roza.
Y si ese roce casual te detiene,
si te miran y miras, si naufragas en esa mirada...
¿A dónde mi ruta?

VIII
No interesa ya, la extensión del paraíso.

De: Sin el azul del día (2008)
Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero


viernes, 10 de abril de 2009

ARTE POÉTICA - Carlos Castillo Quintero



Francis Bacon "Crucifixión", 1933

No olvida la palabra al que muere en el mar
o se abandona
a la tormenta que sabe que viene,
al que camina en la tiniebla o sobre las aguas
y escribe un único poema de arena
que borra con su pie.
No olvida, pero se pudre
como el agua quieta en una artesa
(o la sonrisa del muerto)
si no fluye
si no se pronuncia
si no se escribe...

¡Ah! de la lengua herida que se resiste
a develar el nombre
de uno que merece la horca,
la cárcel,
o por lo menos el desprecio
de su hija que vive lejos
y tiene un hogar
y recoge cerezas silvestres
y lo odia (en la noche lo odia)
y siente miedo.

¿Y qué del poseído
que desde el púlpito niega la canción de amor
que aprendió durante el último verano?

¡Ah! del tiempo que enmudece
en la falda de la adolescente
y roza sus muslos
mientras ella se arregla las uñas
ajena
a su madre que la mira desde el balcón
y aguarda a que su niña le cuente
o la brisa
o aquellos opulentos senos (¿envidia?)
le digan que su niña, ya no es su niña,
que ya conoce la mano de un hombre
la fuerza
el veneno en sus labios
(en su cintura)
la simiente en su entraña,
y el deseo de no ser sino en otro
del que apenas conoce el nombre.

¿Y qué del solitario que no sabe
cómo pedirle a la dama nocturna
que detenga la guadaña de su entrepierna,
o lo asesine?

No olvida la palabra, pero se olvida...

Se olvida el alfabeto de grillo
que escribe la lluvia sobre el asfalto.
El rezo del que no mueve los labios
porque no sabe ninguna oración.
El grito del niño en el útero
(su letanía) para que su mamá no llore, no maldiga,
no lo mate.
Se olvida la palabra,
se abandona en su cárcel
el signo cae, se amontona, inútil,
inútil el verso
si no sirve para decir tu nombre.

Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero



domingo, 5 de abril de 2009

UN CORAZÓN EN SUSPENSO

Kandinsky


CORAZÓN EN SUSPENSO

Llega con una caricia latiendo en la piel de la noche.
Quiere saber si los cuerpos abrazados son palomas
o sus plumas de grandes vuelos conquistando de la tierra,
todos sus recónditos lugares.
Suspendió del cielo cada nube para caminar
sin ruido sobre el océano de las palabras vacías,
de sus manos abiertas y de sus pupilas entregadas al tiempo,
sin rubor.

Y fue un corazón extraviado, perdido, entonado
en pequeñas tristezas ya abandonadas.

Sabía que la vida era verdad en todos los instantes,
y, sabía, que los huesos de la muerte existían
dibujados en blanco y vestidos en lo negro.
Un punto y una coma susurrados
por la luz desprendida de la boca entreabierta.

Porque todo pasa
y heredamos de la sangre el nombre neutro,
pronunciado todavía
en la inmensidad de todo lo que tiene que nacer.


sábado, 4 de abril de 2009

Oficio de difuntos - Un poema de Carlos Castillo Quintero





"La muerte de Casagemas" - Picasso,1901

Para Pablo E.
i.m
Yuto, Chocó, Julio 28


I.
Y si recogieras tu voz cristalina para preguntarme
-madre querida- qué hay de nuevo por estos días,
tendría que contarte que como bestias seguimos arando en la niebla
preparando la tierra para la desolación.

Te diría que tu otro hijo, en una tarde desdichada
perseguido por el agua triste de los condenados
con una moneda atravesada en sus labios se fue a un país lejano
olvidando la tristeza de su corazón
que dejó extendido como una roja luna sobre la cordillera.

Y no tendría aliento para contarte
que en esta casa que hiciste con tus manos
arribamos a la noche y sin molestarnos por cambiar los tendidos
nos recostamos en el mismo lecho en donde nuestras mujeres
copulan con los asesinos.

Pero tú no preguntas
-madre querida- porque ya estás muerta,
y yo no quiero contarte para que no sufras
no te digo nada de este cielo torcido del porvenir.

II.
Puede suceder que apenas acallado el combate le veas bajar
cabalgando sobre su muerte como sobre una yegua salvaje,
con su cabellera mecida por el viento montaraz
y un rumor de agua resbalando en sus dedos.

Y que te salude con la fuerza del que custodia la noche,
y la luz promisoria que sólo sus ojos podrían a pesar de las lágrimas.

Quizá no comprendas entonces que sobre su piel, la irredimible tristeza,
como la salmuera oculta en los senos de las muchachas,
le ha despojado para siempre de sus afanes.

Y de seguro, vas a repudiar su humilde manera de entrar en el crepúsculo
con su leve inventario de amortajado,
renunciando para siempre al hogar, al lecho, al pan,
a la herida de vivir que ya no asedia
porque para ti también todo ha terminado,
ahora, cuando apenas enmudece la sombra,
y te ves bajar por el frente de tu casa
cabalgando sobre tu muerte como sobre una yegua salvaje.

Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero





viernes, 3 de abril de 2009

EL ABISMO DE TU PIEL

"Desnudo con hojas de calabaza". Chelín Sanjuan


EL ABISMO DE TU PIEL

Se confunden los minutos con la vida,
variamos las fronteras,
resucitamos al clamor impar que piden las voces:
Beso, beso, beso...

Y nuestro amor vertical desvaría perdido
en este laberinto de aritmética mutua,
de hemisferio compartido como una casa de muñecas
donde, casi siempre, está todo a punto
y, donde, casi siempre, hay algún tropiezo.

Este viento azul de soledad
me permite cruzar la linde de tus labios
palmo a palmo
como ese astro que no suma ni resta
porque sabe que la carne no se mide
y que el tiempo no se cuenta.

Ambos pasan hasta la muerte
rozando todos los límites posibles,
al filo de tu boca,
al abismo de tu piel.


martes, 31 de marzo de 2009

UN NOMBRE DE MUJER

"El mercado de las palabras". Miguel Menassa



UN NOMBRE DE MUJER

En ese preciso momento escapó de mis manos
convirtiendo el norte en todas las direcciones posibles.

Tenía la cadencia mágica de una gota peregrina,
izada sin forma, vencedora, en el camino de nadie
y el cuerpo del hombre.

Su agua era un pájaro flotando entre la luna y mis ojos,
agitada libertad, la de mis pies desnudos,
hundidos en la mirada sobre el mar.

Escapó de las manos que no tocaron nunca
el sol frente a frente.
Escapó un verbo pronunciado en ese instante,
un tenue rumor de viento
y un nombre de mujer.