viernes, 8 de enero de 2010

Marruecos. Valle del Dades




Viajar pudiera ser vagar, irse a ninguna parte,
deshacer las maletas y huir a ningún sitio;
definitivamente vagar y olvidarse de todo
pero observándolo todo.

Tal vez sea imposible perderse de uno mismo
de los límites físicos y de las propias emociones;
advertirse en el frío y en el miedo,
en la calma y en la tormenta,
en la inquietud y el sosiego;
captar la dualidad de las cosas,
el deseo y la frustración.

Si fuera yo la hoja inerte que viaja en el tiempo
iría hasta mi infancia
a recobrar el cielo que perdí en oraciones;
tal vez regresaría
hacia los bosques para dejar fluir la savia,
me inclinaría en las espinas a sangrarme el orgullo
hasta que por mis labios en forma de trompeta
se pronuncien precisos los presagios del viento.

El corazón y sus sonidos, como la sangre, pasan inadvertidos
como una marchitada broza que se desdobla y crece
huyéndose de la primavera al crudo invierno
para salir de la oscuridad y ser luz
o simplemente ser alguien que nace y muere
asombrado e inocente.


-.-.-.-



Tras la visita a las kasbahs de Ait Ben Haddou, nos dirigimos al Valle del Dades pasando sin detenernos por el Valle de las Rosas y ascendiendo por la empinada y sinuosa carretera que asciende hasta la Garganta del Dades a unos 2.000m. de altitud. Situado en la parte sur del alto Atlas, se le conoce como el valle de las mil kasbahs. El paisaje conmueve por la fuerza de sus contrastes, luminosidad y silencio en un espectacular espacio en el que el desierto y la montaña concilian distintos tonos de ocre y rojo que contrastan con el verdor de sus higueras, almendros y palmerales. Rivaliza la Garganta del Dades con la Garganta del Todra que visitaremos al día siguiente. En esta época del año el clima es frío y húmedo. Nos alojamos en la Kasbahs de la Vallé y si bien en sus habitaciones pasamos algo de frío al carecer de calefacción, podemos asegurar que en su restaurante comimos muy bien a base de apetitosas y abundantes raciones de cous cous y de tajín. También en la Kasbahs de la Vallé tuvimos oportunidad de compartir un animado rato de percusión a base de tambores y crótalo Bereber ó karákib.




Terxto e imágenes propiedad del autor.

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6 comentarios:

Perfecto dijo...

Emocionado poema a un lugar hermoso.

Feliz año nuevo.

Un abrazo.

P Á R M U L O dijo...

Se aprende demasiado contigo... Un precioso poema para un lugar demasiado bello.

Leni dijo...

Existen otras vidas.
Tú ya las conoces...
Se te agrandó el alma
y se nota...se nota.

Son otros los que nos forman.

Hermosa vivencia.
¿A que ya sabes del sabor de otros ojos??

Yo sé.

Besos

Alonso de Molina dijo...

Gracias por pasarte y dejar tu comentario, un abrazo para ti estimado Perfecto

.

Alonso de Molina dijo...

Pármulo, como tú, yo mismo aprendo siempre de los jóvenes (aunque yo sea mucho más joven que tu, quiero decir que desde hace muchos años llevo encima la junventud que tu estrenas ahora, dicho en el mejor sentido y con buen humor; admiro a la gente con inquietud y tu la tienes)
fuerte abrazo compañero

Alonso de Molina dijo...

Muchas personalidades para un solo cuerpo, pero es lo que tenemos Leni y hay que sacarle todo el partido; me alegro mucho de verte, no te vayas

un beso amiga