lunes, 9 de noviembre de 2009

La probabilidad es un juego de tontos

La probabilidad es un juego de tontos

Siempre vamos en contra del destino, nos aferramos como corteza al tronco a no estar solos; pero solos estamos, sin remedio. Mis pensamientos volatilizados me rodean, tú en ellos, me recuerdan mi destino. En este momento me gustaría arrancarme una costilla y ver que de la nada tomas forma, sentir que lo etéreo se hace sangre, hueso seso y carne para recorrerte con mis sentidos. Sin embargo, lo único real es el deseo; qué paradójico, no es real y es lo único real que tenemos: muro ideal entre nosotros y contra la idea, ¿quién tiene potestad?

Te deseo, significa que estoy solo, y que tú estás sola y que nuestra soledad es una sola y no dos. Símbolos solamente, siempre pensados, extrañados, uno sin el otro. O entrañados, uno en el otro; ¿acaso si estuvieras conmigo estarías realmente? Tal vez te tengo más en el deseo, en el hambre de ti, en la carencia de ti, en la potencia de ti; eso ratifica que estamos solos. Siempre nos carecemos, es decir: siempre nos hacemos falta, por eso existes y existo; entonces, ¿estás realmente conmigo? quizá diserto contigo porque tu soledad me creó o en realidad somos uno solo, deseando reconciliarse consigo mismo. No sé.

Siempre tengo la esperanza en estar equivocado, dudo hasta la locura y la certeza me espanta con terror.

¿En qué laberinto mi mirada te busca? A veces no sé quién eres; es decir que no sé si estoy aquí, o estoy oculto bajo la página de tu piel, y tu piel está oculta bajo la línea de mi letra y mi letra, se haya despedazada en una leyenda de albañiles construyendo una torre que quizá se llamó Babel, pero que era tu lengua: humo de silencios, único idioma que todos hablamos.

A veces hablo como si supiera algunas cosas, pero al final presiento mi error. Tal vez tú estás aquí y no me doy cuenta y para jugar me dictas éstas palabras. Jugamos en ir contra del destino, en jugar que la probabilidad es prueba de tontos.

¿Si no existieras, existiría tu risa?, quizá no o quizá si, no lo sé y eso comprobaría nuevamente que estamos solos, pero esta vez, es una ventaja, solos no de nosotros, sino de los otros, los ajenos. Tú y yo, por lo tanto nos desprendemos de nosotros mismos, arrojándonos a la noche, en gestos, en risas, en llantos ¿si un grito sale de nosotros, deja de ser de nosotros? Somos idénticos en lo distinto.

Calla pues el silencio.

Jorge Contreras Herrera

www.facebook.com/jorgiastico

2 comentarios:

Alonso de Molina dijo...

"Siempre tengo la esperanza en estar equivocado" nada menos Jorge, que enorme consuelo nos depara esa proclamada esperanza del vago manifiesto, la esperanza en el error, nada menos...

aplaudo tu buenas letras amigo

.

Jorge dijo...

Gracias hermano, siempre tan fraternas y de tan buen aliento tus palabras. Espero algún día no lejano estar por tu patria leyendo poemas entre todos ustedes.
un abrazo