martes, 17 de febrero de 2009

UN HÉROE URBANO


Cuadro: Kandinsky
El frágil cuerpo de la joven muchacha
estaba perfumado y era blanco e inmóvil.
Estaba horrorizada y las lágrimas
se negaban a brotar de los párpados.
Su lengua paladeaba aún
la última gota de café, algo cotidiano
para borrar esa violencia, su rodilla
golpeada contra el suelo rezumaba
unas gotas de sangre y negro
e intentaba salvar ese abismo
con sus ojos, con todas sus pupilas.
El hombre había tirado de su bolso
con extrema violencia,
como quien arranca gemidos de una virgen
y la muchacha había sentido el suelo
en todo el cuerpo y después,
el hierro congelado de los raíles.

Un amor olvidado por su madre
renació en su tierno corazón
y casi inundó el pánico.

Jakim se había levantado esa mañana
lejos de su pais y le costó entender
qué era lo que pasaba.

Había soñado con su esposa de negros ojos
y piel tersa, más bella que la luna en primavera
y ahora no podía comprender su ausencia

Recordó haber llegado un día hace tres meses,pero esa
noche, después de volver
a su país en sueños, era muy duro el despertar.

También a él lo congeló la escena,
cientos de observadores inmóviles
tejían una red de exclamaciones,
peo sólo Jakim se arrojó a aquel
pozo oscuro, porque para salvarla
no bastaban cien ojos, ni doscientas pupilas,
ni la red de las voces, ni las lágrimas,
ni el amor de una madre muerta.

El tren se acercaba con implacable paso
el silencio pintaba las paredes,
no había lugar siquiera para el llanto
y se habían detenido todos los corazones.

Jakim tomó en brazos a la muchacha,
que ascendía como por una escalinata
de aplausos, y la dejó en el suelo.
Por un momento, todos se habían
olvidado del tren, de su insistente
caminar, no oían el ruido de las ruedas

surcando los raíles, sólo vítores y palmas.
Jakim apoya las dos manos en el borde
y uno de sus pies para tomar impulso.

Pero ya llegó el tren,
ya se enredaron las ruedas en su ropa
y como un toro embravecido
que ha corneado al torero y ha olido su sangre,
lo arrastra golpeándole la cara contra el muro.
La esfera de su ojo derecho estalla,
se vacía, se pierde junto con trozos
de su piel y Jakim ya sólo
siente los golpes, no ve nada.
El tren ha huído y el héroe yace
ahora en el campo de batalla.
Le dieron una medalla,
le dieron un pequeño piso,
se olvidaron de darle un permiso de trabajo,
le cortaron el teléfono y la luz,
le detuvieron varias veces
por mendigar donde no correspondía
y la bella señorita de piel blanca
paladeaba como siempre su café.


Alejandra Menassa, del libro La llave de los días


10 comentarios:

Leni dijo...

Jo.Alejandra se me ha erizado el alma.
Y precisamente por ser una realidad.Como la humanidad carece cada vez de mas valores.Y olvida lo que es el agradecimiento.
Como se crean héroes de asesinos..
Y se asesina al verdadero héroe.
Precioso como lo cuentas..En fina prosa poética.
Mientras ella paladea su café.
Mientras el yace en el olvido.
Haces reflexionar con cada una de tus palabras.
Un beso

Luisa Arellano dijo...

Impactante este poema-prosa, Alejandra. Doloroso y real.

Felicidades por tu manejo impecable de la palabra y los sentimientos.

Un abrazo.

Alejandra Menassa dijo...

Gracias Leni. la poesía social y comprometida fue toda una etapa maravillosa, pero los temas eligen al autor, y no al revés, así que ahora parece que toca otra cosa. Salir de la poesía erótica me está costando, pero seguimos intentándolo.
Un saludo

Alejandra Menassa dijo...

Gracias Luisa. Me halagas. Admiro tu relación con el lenguaje.
Un saludo

Paula Malugani dijo...

Amo este poema, en mi casa son múltiples las voces que sabemos de memoria este maravilloso relato, escrito con la sangre del verbo. Gracias Alejandra, por haberlo escrito, por dejarlo volar. Un abrazo.

Alejandra Menassa dijo...

Gracias Paula ¿de memoria? Me sorprende y halaga.
UN fuerte abrazo desde Madrid

Safo dijo...

No hay llanto para el herido
Si quietud para la dama salvada
No hay vendas que devuelvan piernas
Si momentos de placeres vanales para el egoísmo de ciertas Almas
No hay futuro para el mutilado
Si café y regicijo para la salvada
Acaso existe equilibrio
En tan cruel balanza?
No hay claros de sonrisas en la mirada del héroe
Si hay alegrías superficiales
Para aquella que se sintió desesperada
No hay pasaporte de regreso hacia los momentos del ayer de ese muchacho
Aunque...
Variaría en un sólo ápice su generosidad mostrada?
No
Él volvería una y mil veces
A ser rescatador de anónimas damas
Porque su propia naturaleza
Nada tiene que ver con la falsedad con la cual la sociedad que pronto aplaude...
Aunque más pronto olvida No volver a quien lo necesita
Su fría y caprichosa espalda.
Me gusta el modo de exponer una crueldad tan dolorosa,como real
Un cálido saludo.

Alejandra Menassa dijo...

gracias Safo, me haces dudar si es más certero el poema o tu prolijo comentario. Un abrazo.

Alonso de Molina dijo...

Un texto estremecedor con las imágenes resueltas que tus palabras saben trasmitir con la profusión y aplomo que te son habituales

siempre un placer Alejandra

.

Alejandra Menassa dijo...

Gracias Alonso. Creo que el aplomo es necesario para el poeta.
Un beso