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martes, 7 de julio de 2009

Un poema de PIEL DE RECUERDO - Carlos Castillo Quintero



Ocupar una habitación entre dos,
hacer propios los maltratos
de las paredes, la quietud
de los rincones.
Entregar la vida juntos.
En la noche saber encontrar tus ojos
a pesar de la sombra;
conocer también
el espacio de la mano y hallarlo.
sentir la piel, apenas
con la convocación de tu cuerpo,
sin la necesidad del roce.
Es, tal vez por estas cosas ...
que no resisto
la forma vacía de tu porción de lecho.


DE: " Piel de recuerdo",1995.


.

jueves, 4 de junio de 2009

LA CIUDAD - Carlos Castillo Quintero



"Espera" (fragmento)
Óleo sobre lienzo / Claudia R. Niño, 2009
Un Amor desesperado y un lindo
Crimen lloriquean en el barro de la calle.

Arthur Rimbaud

Hay más frío en mi habitación
que en los ojos de quienes aguardan en los umbrales.
Sé que el lecho conserva otra memoria.
Sé que hace años, en esta calle, a esta hora alguien
tocaba una dulzaina.
Sé que tu piel es un privilegio

¿Te has ido? Sin ti no hay alegría.

El parque del barrio mintió tu perfume
en la tarde hizo algarabía y se
hincó
para que los niños subieran en su espalda,
pero el agua de la fuente no reflejó tu rostro.

La ciudad sabe que no estas…

Las calles hacen sonar sus espuelas: su resonancia
marca la extensión del océano
y me mide,
juego a que no escucho, a que no la veo
(pero tú sabes que no juego)
y me mide.

Las palomas durante todo el día y
durante toda la noche
comen y defecan
y duermen
y sueñan que
comen y defecan
durante todo el día y
durante toda la noche las palomas
en la cúpula de la Catedral y
en los aleros y
en los tejados de las casas del centro.

Hay uno que odia las palomas
y las enamora con papeles trenzados.

Hay un tren que pasa seis veces en la noche,
y que tú conoces.

Sé que el olor del fuego te desvela
el comercio íntimo del acero sobre el acero.
(Los rieles son un anillo que luce –asediada por un puñal
de huellas y de frío–
la vanidosa de epidermis asfáltica).
Sé que preferirías que el anillo fuera de plata.

¿Qué has ido a buscar? La ciudad es una niña procaz…

Hay una calle habitada por una hiena
que luce una estopa en la cabeza (en la quijada)
y se empeña en atormentar a las esquinas
con su tufo.

Hay una sirena que agoniza
en el lavamanos de un cuarto de hotel,
y canta una vieja tonada
que repite una promesa fundida en cinco hilos de
oro pútrido
que tus labios recuerdan.

Hay un bar que naufraga cada quince años
y una quinceañera
que permanece en la barra
y hombres de varias generaciones la aman
y no se molestan por el abanico en su rostro
ni por su anodino aire de geisha.

¿Qué se puede esperar de una ciudad
que permite el naufragio de sus bares?

¿Te has ido? Sin ti la ciudad no existe.

Había una Casa de Placer regentada por una muñequita
de cartón piedra,
y un farol de cristal holandés
y un nombre de siete cifras
olvidado bajo el calicanto.

Había una monja que delineaba laberintos
de brusca sangre en su espalda,
con un duende prendido a su ombligo
y un confesor.

Había una viuda con las piernas y
los senos intactos
como caballitos de mar
como siemprevivas
como escaleras tendidas a un cielorraso
que linda con las estrellas.

¿A dónde ha ido la ciudad,
y la Casa de Placer
que olvidó el patio sombrío en el
que una doncella duerme arrullada por los insectos,
y la monja
que gime esclavizada por un cirio,
y la viuda
que cada mañana recoge los cubitos de hielo
que brotan de su colchón? ¿A dónde?

¿Regresarás? A pesar de la bruma.
A pesar de que no llueve.
A pesar de que no hay luna,
por la rosa triste que mi mano ha escrito,
y por mi mano…

¿Vendrás?
La pérfida nieve se tragó mi habitación.
La ciudad se recoge, asustada,
huye de los diamantes crucificados en los ojos del poeta.


Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero

jueves, 14 de mayo de 2009

INSOMNIO

© Fernando Maldonado: "Rincón del ensueño"


...amor al fin sin alba.
Federico García Lorca


Sobre la cúpula de la Catedral
y los edificios
y los techos bajos
de una ciudad deshabitada,
cae la lluvia:
rendida a la noche baja
se desliza,
dentro de mi cabeza
se mezcla con tu nombre.

Y lluvia y nombre
son una sola melodía
que de mi pecho brota, sube,
rumor de agua
sobre los techos bajos
y los edificios
y la cúpula de la Catedral
de esta ciudad deshabitada
en donde la lluvia cae,
durante toda la noche...

Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero

lunes, 27 de abril de 2009

SAUDADE - Carlos Castillo Quintero


"Sombras" - Óleo/Lienzo, 2008 - Natalia Castillo


SAUDADE

¿A qué me abro?, a ese aire imposible
en que te has convertido.
Carlos Drummond de Andrade

I
Todavía la luz humilla.
El pánico aguarda bajo las
palabras.

Sí, tu ausencia es una catástrofe.

Hago parte de los vencidos, de los
olvidados.

Y todavía mis ojos, audaces,
mimosos
como una mujer recién satisfecha,
traicionan al penitente de
la Catedral.

II
A mi pesar
habito una casa ocupada por hormigas.
Esos insectos jamás están solos,
jamás sin camino,
jamás sin una ración sobre su lomo.

Y quizá todavía la palabra me salve:
pronuncia mi nombre en la noche
¡pronúncialo!
y la efigie traslúcida del ahorcado
será una lámpara.


Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero


martes, 21 de abril de 2009

OCTAEDRO - Carlos Castillo Quintero



"Insomnio", 1947 - Remedios Varo


OCTAEDRO

I
Quisiera hallarle utilidad,
un destino, a mi mano sin ti.

II
Y el amor que se hunde, se asfixia, se muere
en el gélido mar de la ausencia, su cadáver...
¿Sirve para alimentar a los peces?

III
La música va por la habitación, se desliza,
a palos de ciego te busca y regresa,
triste, sola, la música...

IV
Voluptuosa, abierta a la piel que acecha,
ebria, con una luna nueva en el pecho,
bella e inútil esta noche en la que no estás.

V
¿Qué caminos has ido a recorrer
de los trazados en las líneas de tu mano?

VI
Quizá otro deambule por el macramé pétreo de la casa,
y tropiece, sin hilo, sin brújula,
sin atreverse a consultar el mapa del cielo.
Quizá también huya del espejo y se crea, como yo,
único dueño de tu laberinto.

VII
Y si una tarde en un cruce de caminos, en una calle alguien te roza.
Y si ese roce casual te detiene,
si te miran y miras, si naufragas en esa mirada...
¿A dónde mi ruta?

VIII
No interesa ya, la extensión del paraíso.

De: Sin el azul del día (2008)
Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero


viernes, 10 de abril de 2009

ARTE POÉTICA - Carlos Castillo Quintero



Francis Bacon "Crucifixión", 1933

No olvida la palabra al que muere en el mar
o se abandona
a la tormenta que sabe que viene,
al que camina en la tiniebla o sobre las aguas
y escribe un único poema de arena
que borra con su pie.
No olvida, pero se pudre
como el agua quieta en una artesa
(o la sonrisa del muerto)
si no fluye
si no se pronuncia
si no se escribe...

¡Ah! de la lengua herida que se resiste
a develar el nombre
de uno que merece la horca,
la cárcel,
o por lo menos el desprecio
de su hija que vive lejos
y tiene un hogar
y recoge cerezas silvestres
y lo odia (en la noche lo odia)
y siente miedo.

¿Y qué del poseído
que desde el púlpito niega la canción de amor
que aprendió durante el último verano?

¡Ah! del tiempo que enmudece
en la falda de la adolescente
y roza sus muslos
mientras ella se arregla las uñas
ajena
a su madre que la mira desde el balcón
y aguarda a que su niña le cuente
o la brisa
o aquellos opulentos senos (¿envidia?)
le digan que su niña, ya no es su niña,
que ya conoce la mano de un hombre
la fuerza
el veneno en sus labios
(en su cintura)
la simiente en su entraña,
y el deseo de no ser sino en otro
del que apenas conoce el nombre.

¿Y qué del solitario que no sabe
cómo pedirle a la dama nocturna
que detenga la guadaña de su entrepierna,
o lo asesine?

No olvida la palabra, pero se olvida...

Se olvida el alfabeto de grillo
que escribe la lluvia sobre el asfalto.
El rezo del que no mueve los labios
porque no sabe ninguna oración.
El grito del niño en el útero
(su letanía) para que su mamá no llore, no maldiga,
no lo mate.
Se olvida la palabra,
se abandona en su cárcel
el signo cae, se amontona, inútil,
inútil el verso
si no sirve para decir tu nombre.

Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero



sábado, 4 de abril de 2009

Oficio de difuntos - Un poema de Carlos Castillo Quintero





"La muerte de Casagemas" - Picasso,1901

Para Pablo E.
i.m
Yuto, Chocó, Julio 28


I.
Y si recogieras tu voz cristalina para preguntarme
-madre querida- qué hay de nuevo por estos días,
tendría que contarte que como bestias seguimos arando en la niebla
preparando la tierra para la desolación.

Te diría que tu otro hijo, en una tarde desdichada
perseguido por el agua triste de los condenados
con una moneda atravesada en sus labios se fue a un país lejano
olvidando la tristeza de su corazón
que dejó extendido como una roja luna sobre la cordillera.

Y no tendría aliento para contarte
que en esta casa que hiciste con tus manos
arribamos a la noche y sin molestarnos por cambiar los tendidos
nos recostamos en el mismo lecho en donde nuestras mujeres
copulan con los asesinos.

Pero tú no preguntas
-madre querida- porque ya estás muerta,
y yo no quiero contarte para que no sufras
no te digo nada de este cielo torcido del porvenir.

II.
Puede suceder que apenas acallado el combate le veas bajar
cabalgando sobre su muerte como sobre una yegua salvaje,
con su cabellera mecida por el viento montaraz
y un rumor de agua resbalando en sus dedos.

Y que te salude con la fuerza del que custodia la noche,
y la luz promisoria que sólo sus ojos podrían a pesar de las lágrimas.

Quizá no comprendas entonces que sobre su piel, la irredimible tristeza,
como la salmuera oculta en los senos de las muchachas,
le ha despojado para siempre de sus afanes.

Y de seguro, vas a repudiar su humilde manera de entrar en el crepúsculo
con su leve inventario de amortajado,
renunciando para siempre al hogar, al lecho, al pan,
a la herida de vivir que ya no asedia
porque para ti también todo ha terminado,
ahora, cuando apenas enmudece la sombra,
y te ves bajar por el frente de tu casa
cabalgando sobre tu muerte como sobre una yegua salvaje.

Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero





domingo, 22 de marzo de 2009

Tres poemas de Carlos Castillo Quintero



"Homenaje a Miguel Ángel" - Natalia Castillo, 2009.



UNA PROMESA

Y si por un río secreto
navegan desnudos los muertos
y un barquero ciego los guía
y, como corresponde,
se queda con el cobre prensado
que los deudos ponen en los ojos
de aquellos navegantes. A ese río,
y a ese barquero
habré de enviar
el agua taciturna que amanece
en mi rostro –la carroña–
el canto maldito que insiste
y, si es necesario,
me abriré una ventana en el pecho
para que salga
lo que de sombra quede
lo que te dañe
lo que no te guste
la piel usada, el corazón y la palabra herida
habré de condenar al fúnebre destierro
con una bolsa de monedas
de oro puro que gratifique
el triste adiós que desteje ese río
y la incesante noche del ciego.


REINO DE ESTE MUNDO

Alguien dijo que en Stuttgart
vive una princesa
y pienso que Stuttgart
debe ser una ciudad bonita
en donde seguramente habrá un río
y un bosque
y adolescentes que tomados de la mano
se dejan tentar
por el agua que baja cantando
y aviones de papel aluminio
que cruzan el cielo
y dejan una estela de humo blanco
y una música que viene
no se sabe de dónde
y que conoce el camino del río.
Y quizá en Stuttgart no haya río
y los adolescentes que allí viven
amen la ceniza
y los aviones que crucen su cielo
sólo sean el transporte de la muerte que vuela
y su música un réquiem.
Pero si en Stuttgart
vive una princesa (eso dijo alguien)
esa ciudad tiene que ser bonita
como ésta en la que el día declina
en donde vive mi princesa
y su paraíso.


CANTO DEL DESTERRADO

El crepúsculo herido sobre el asfalto.
La noche sometida a la desolación de las horas.
La cabeza del guillotinado
sonriente en una estaca.
Y mis pasos perdidos en el dédalo de la melancolía.

Espérame desnuda
Entre los alacranes,
dejó escrito el asesino de Merlín: única huella
en el camino hacia el huerto.
Ensalmo,
conjuro
que me conduce a tu nombre.
Espérame desnuda
Entre los alacranes,
para que el ángel retire su espada
y esta vez,
el amor y la vida sean para siempre.

(De: "Sin el azul del día" - Ediciones CEAB, 2008)

Derechos reservados
© Carlos Castillo Quintero