Amanece un día más...
en los valles, en la selva,
en la campiña.
y no es lo mismo que antaño.
Un cuerpo sin gozo, despavorido
a piedemonte, contempla,
la negra acuarela de los vientos,
la descalabrada piel de tu cabeza.
El ala de la devastación
te ha sobrevolado,
dejando a su paso
yermos palitroques,
yesca calcinada.
ya no hay pródiga naturaleza,
ni ululan las lechuzas en los olmos,
ni galopan viejos corzos.
Sólo queda
que un panal de cordura
esparza la memoria,
rehaga
el insalvable espejismo de la tizne,
y nazca
la negra zarza de las moras
de su letargo muerto.
En el sendero vivo, repentino
de los bosques.
Ana Patricia Santaella Pahlén. Registrado en el registro de la propiedad intelectual
