sábado, 5 de marzo de 2011

Exegesis del nuevo libro de Francisco Alarcón "Soledad y otros poemas"

Exegesis
de Américo Martín
No puedo encontrarme con la poesía de este profundo y prolífico poeta sin sentir inmediatamente una oleada de transparencia y autenticidad. Soledad y otros poemas es un volcán silencioso que ratifica el rasgo esencial del escritor: su plena entrega a la obra, a cada verso a cada palabra. En otra ocasión definí esa identificación tan natural del autor con la escritura, valiéndome de la alegoría del centauro, la íntima convivencia de lo intelectual y lo espontáneo, de lo humano y lo animal.
He mencionado “autenticidad” para decir “transparencia” y “naturalidad” porque Francisco no necesita ripios para expresarse, no completa un verso con alguna rima interior forzada o un vocablo conveniente. Es como un arroyo a través del cual van fluyendo las palabras.
No sobran los poetas capaces de expresar tan claramente sus pasiones y las fluctuaciones de su ánimo. Uno de ellos, Rafael Cadenas, lo logró, seguramente sin proponérselo, en una obra capital justamente titulada “Derrota”. Y en efecto era un hombre que en ese momento se sentía aislado y derrotado y todo eso palpitaba en el milagro de sus versos.
Soledad y otros poemas es de la misma estirpe. Ni los temas ni los versos son el resultado de un esfuerzo de reflexión, sino gotas de una tormenta. La soledad en Francisco no es placentera; es dolorosa. Es una cadena opresora y no un cómodo escapismo.
Siento el frío de la soledad
peor que la misma muerte,
sin rumbos, sin ágora, sin suerte
El tema de la muerte no es nuevo en el poeta, lo nuevo es la forma de tratarlo. “ Siempre nueva y siempre vieja”, como el sol del soneto de Shakespeare, la muerte es la compañera favorita del viaje poético de Francisco. Unas veces es sentida como dulce destino, otras observada allí como una presencia natural; pero en Soledad y otros poemas es una amenaza agobiante, es casi tan terrible como la soledad misma. La muerte no deja escape y su inexorabilidad la hace finalmente objeto de deseo como los pueblos que terminan amando a sus tiranos, según el desesperado clásico de Orwell.
Pero viene la muerte en su hora, en su minuto final
Sin pedir nada a cambio, ni a la familia, ni al cadáver,
Carga lo que hay cargar como lo deja la vida, desnudo
como una vez también lo trajera al mundo un ser de dulce entereza.
Así la espero por mí, por ti, por ella
Qué seriamos si tú no te encargaras compasivamente de llevarnos
Basura acaso, un cuerpo que caducó y no tiene nada que lo mueva ya
Gracias mi apreciada muerte por siempre tenernos presente.
¿Es el amor en Francisco una fuerza liberadora, un destino de paz? En Tú y yo lo es, ciertamente, pero pronto nos encontramos que la entrega de los amantes tiene una tensión de fuerza, es explosiva, casi terminal, y en ese sentido no deja de conectarse con la soledad y la muerte, los temas esenciales de la obra.
Dos palabras más sobre el autor. Francisco es su poema. Su relación casi traumática con su entorno, disparada por los pasos de un ser muy íntimo y querido hacia la muerte, está totalmente vertida en la obra que nos entrega la editorial Vismar Ediciones. Si siempre fue un centauro, en este momento de su vida y de su creación toca el cielo de la especie.

2 comentarios:

Melodi, la neurona que piensa dijo...

Jelous!!
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lidia-la escriba dijo...

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UNA ABRAZO,MUCHISIMAS GRACIAS!
UN ABRAZO
LIDIA-LA ESCRIBA