lunes, 17 de agosto de 2009

Solo


decirte que escribir

cuatro buenos versos no es

tener el pasaporte a la felicidad

timbrado en el bolsillo


una forma como otra cualquiera

de no morir


desplazar por metonimias

los contornos mudos de la risa


¿quién dijo que era fácil el olvido?



Mónica Angelino

11 comentarios:

Beautiful Disaster dijo...

Que lindo, que real... que profundo :D

leoriginaldisaster dijo...

te felicito por el poema...
un saludo!:)

Harold Diaz dijo...

Bellisimo.

¡Bravo!

Saludos!

M. Angel dijo...

¿QUIEN DIJO ERA FACIL EL OLVIDO?

El olvido nunca es fácil
aun que el tiempo todo cura
¡Niña preciosa procura!
No haga la vida difícil

Mónica Angelino, placer leer tu poesía.

Abrazo

Fiamma dijo...

Mónica tus letras son hermosas y muy reales.
Felicidades

Besitos

Miguel Iñiguez dijo...

Me ha gustado pasar y saborear ésta reflexión. Y creo que será saludable seguír escribiendo.
Un Saludo.

Un besote
Miguel

MiLaGroS dijo...

Me han parecido preciosos estros versos. Un abrazo

Alonso de Molina dijo...

vuelves a sorprendernos Mónica, lástima que no puedas estar en la presentación el próximo 26 de septiembre.


un fuerte abrazo

Mónica Angelino dijo...

Gracias a todos!

Graba todo Alonso a cada uno leyendo y subilos a la página así los puedo rescatar para mi.

un abrazo amigo!

Alejandra Menassa dijo...

Bravo Monica. La escritura es una forma cualquiera de no morir. Espléndido.
Un abrazo

T_T dijo...

Gonzalo Rojas

Poeta chileno nacido en Lebú, Arauco, en el año de 1917

Los Complices

Te decía en la carta
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso no necesita escribirse.