lunes, 24 de noviembre de 2008

Traficantes




Las madres criaron cuervos
Creyendo que eran hijos


La miseria arrastra el cuerpo hacia cicatrices.

Esclavos del hambre
ceden trozos de sus entrañas
a los sin escrúpulos que les acechan
como buitres en reparto de la carroña.

Y las marcas acarrean consecuencias
y la muerte huele al frío
del estómago en ayunas.
Miserables aquellos que comercian
con la necesidad del donante
y el pago del receptor.
Se retuerce el pobre en su miseria,
paga el rico su salud
y entre ellos el corrupto matarife
ampliando su bolsillo
no existe el remordimiento
en su cartera.

Asesinos sin muerte entre las manos,
costuras para la vergüenza.
Miradas que no ven
desde la atalaya que cimienta
lo que llaman mejor vida.
¡Malditos traficantes.
Malditos, siempre seréis
miserables malditos!

Las madres criaron cuervos
Creyendo que eran hijos

2 comentarios:

Miguel Iñiguez dijo...

“… Esclavos del hambre
ceden trozos de sus entrañas”

El poema es hambre de justicia, merodea alrededor en busca de caminos, entre la barbarie otros espacios para el hombre que cede, que ofrece esas entrañas.

antonietta valentina bustamante dijo...

Impactante poema, crudo y realista...una voz que s ealza hacia la conciencia del mundo, basta ya d etráficos de drogas, d e órganos de muerte...de niños, de tanto horror que causa pánico...el hombre, único animal auto depredador...
Te dejo un abrazo y mi admiración a tu pluma.