domingo, 3 de abril de 2011

Incendiada en sus bosques no se altera la rosa en su jardín





Insaciable la sangre que lloró en los jardines.
Es imposible que podamos vivir eternamente.
Podríamos pararnos a pensar,
detener un momento la vida
y acomodarnos para contemplar la lluvia.
Solo el amor ofrece la corola solícita
capaz de soportar un diluvio.

Acaso el bosque un día cantará bajo nuestros pies
mientras sus ramas son ungidas
por las aguas que vierten sus entregas.

Sus ojos,
su mirada, no tienen años
ni cenizas que enturbien los abrazos.
Incendiada en sus bosques
no se altera la rosa en su jardín.



Fragmento de El Hombre Indefinido.
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Imagen: rosa meditativa, Salvador Dalí
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 Fragmento publicado con todo mi afecto en atención a mi querida amiga Ana Villalobos.
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